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Histoire du jumelage avec Almunia de San Juan ( Version Española)

Agonac y Almunia de San Juan, una historia de corazón ante todo

Hay hermanamientos que se quedan en lo oficial, y luego están los que de verdad se viven. Entre Agonac y Almunia de San Juan se percibe enseguida que no se trata solo de una relación entre ayuntamientos, sino de una historia hecha de encuentros, recuerdos y afecto.

Desde hace más de cuarenta años, los dos municipios mantienen un vínculo fiel, sencillo y humano. En 2024 celebraron además sus 40 años de hermanamiento, una señal clara de que esta amistad ha sabido durar y pasar de una generación a otra.


Pero para entender lo que hace tan especial esta relación, hay que hablar de Calixto Casales. Nacido en Almunia de San Juan en 1916, vivió la Guerra Civil española y después el exilio, antes de rehacer su vida en Francia. Se instaló en Agonac, donde construyó su futuro, formó una familia y encontró una tierra de acogida.


Su recorrido da una dimensión especialmente emotiva al hermanamiento. Calixto no es solo un nombre ligado al pasado: representa un puente muy real entre su pueblo natal en Aragón y su pueblo de vida en la Dordoña. Varias fuentes locales explican además que tuvo un papel en el propio origen del hermanamiento entre ambas localidades.


Por eso su recuerdo sigue vivo todavía hoy. La carrera “La Calixto”, organizada dentro del marco del hermanamiento, rinde homenaje a este hombre cuya historia personal terminó uniéndose a la historia colectiva de Agonac y Almunia de San Juan.

Ese vínculo también se ve en los pequeños detalles de la vida diaria. En Almunia de San Juan, el ayuntamiento está en la Plaza Agonac, un nombre que demuestra hasta qué punto el pueblo francés ocupa un lugar especial en la memoria local. No es un detalle cualquiera: es la prueba de que, con el tiempo, esta relación se ha convertido en parte de la identidad del municipio.


Lo bonito de esta historia es que habla de cosas muy sencillas: la acogida, la amistad, la fidelidad y la memoria. Dos pequeños pueblos, separados por los Pirineos, han logrado mantener una relación sincera, discreta, pero muy constante.


En el fondo, el hermanamiento entre Agonac y Almunia de San Juan cuenta algo muy valioso: detrás de los actos oficiales hay sobre todo rostros, familias, comidas compartidas, viajes, recuerdos y, a veces, una historia personal lo bastante fuerte como para unir a dos pueblos durante varias décadas

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